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El Banco Central no vende reservas hace cuatro días y apunta a recuperar su stock en diciembre

El Banco Central no vende reservas hace cuatro días y apunta a recuperar su stock en diciembre

A fuerza de una reducción en los permisos de importación por parte de AFIP y menor intervención en el mercado de bonos dolarizados, el Banco Central logró una tregua de la fuerte caída de reservas que comenzó a fines de agosto y no se detuvo casi hasta fines de este mes. Ayer consiguió comprar una cifra exigua, USD 10 millones, pero le alcanzó para conseguir su cuarta jornada cambiaria consecutiva sin pérdidas.

Desde la entidad que preside Miguel Pesce buscan poner paños fríos a las lecturas que se vienen haciendo en las últimas semanas sobre la supuesta fragilidad de la entidad. “Este año acumulamos más de USD 7.000 millones en la primera etapa del año, que son los que normalmente se utilizan para abastecer la demanda de la segunda mitad”, señalan. Incluso, destacan, se acumuló hasta agosto y recién septiembre fue el primer mes de ventas “muy por debajo de los promedios históricos”. Este mes, grafican, se terminaría vendiendo sólo el 40% en relación a septiembre del año pasado.

El objetivo es empezar a recuperar reservas con la cosecha fina, es decir a partir de diciembre. Luego habrá que esperar hasta abril para que crezca el volumen de la oferta de divisas a partir de la exportación de soja. Claro que difícilmente los precios acompañen en 2022 en la magnitud que lo hicieron este año.

El pago al FMI por algo más de USD 1.900 millones y las ventas netas en el mercado obviamente impactaron en el stock de reservas, que había superado los USD 46.000 millones a fines de agosto y ahora apenas superan los USD 43.000. En el BCRA no “compran” el argumento de “reservas netas” que utiliza buena parte de la academia. “Para nosotros no hay reservas brutas o netas, todo lo que hay se puede hacer líquido”, se defienden en la entidad, incluyendo por ejemplo el swap de monedas con China o también el oro. “No hace falta venderlo para hacerlo líquido, se trata de operaciones financieras que se efectúan en forma inmediata y te dan liquidez”.

En los últimos días algunos economistas, como el caso de Gabriel Rubinstein, indicaron que las reservas netas del BCRA podrían acabarse a fines de noviembre, si se mantenía el ritmo de ventas del último mes. Claro que en el medio también hubo otro tipo de decisiones, como restringir importaciones para equilibrar el mercado oficial y reducir la intervención en el mercado financiero para que no se escape más la brecha: de USD 20 millones por día pasó a vender solo USD 5 millones.

Al mismo tiempo, también crece la operatoria en el mercado de dólar futuro. “El año pasado también algunos apostaron a una devaluación y les salió mal, perdieron $ 25.000 millones con el argumento que nos íbamos a quedar sin reservas para intervenir. Ahora pasa lo mismo y se van a volver a equivocar”, aseguran fuentes oficiales.

Todo indica que la pulseada entre los mercados y el BCRA se podría acentuar en las próximas semanas, básicamente por dos motivos: la cercanía de las elecciones legislativas (que siempre generan más incertidumbre) y escasa oferta de divisas por motivos estacionales. Se trata de dos factores que se combinan y que seguramente le harán perder más reservas liquidas a Pesce.

El Gobierno desmiente rotundamente que luego de las elecciones se produzca un salto brusco del tipo de cambio. El propio Gobierno reconoció que el dólar oficial aumentará un 28% el año que viene, es decir más de un 2% mensual. Se trata del doble de suba en relación al 1% por mes que viene aumentando a lo largo de este año. Sin embargo, no es un salto devaluatorio brusco que muchos vaticinan.

La gran incógnita en estos días es si realmente el BCRA estará en condiciones de seguir aguantando con una suba tan moderada pese a la inflación de casi 50% que se acumulará este año o tendrá que ir a un ritmo superior. En todo caso, requerirá de un cepo cambiario tan ajustado o incluso más que el actual.

Para develar estos interrogantes habrá que disipar dos grandes signos de interrogación: quién ganará las elecciones de noviembre y cómo se avanzará en el acuerdo con el FMI.